Ignacio Domínguez Lemoine

Las partes en IFS: ¿qué son y cómo funcionan?

Todos conocemos esa voz crítica que nos marca lo que hicimos mal, lo que podríamos haber hecho mejor, lo que todavía nos falta. Es una forma bastante cotidiana de empezar...

Ignacio Domínguez Lemoine 8 min de lectura

Todos conocemos esa voz crítica que nos marca lo que hicimos mal, lo que podríamos haber hecho mejor, lo que todavía nos falta. Es una forma bastante cotidiana de empezar a reconocer las partes en IFS.

En algunas personas aparece antes de una reunión importante: repasando cada detalle para evitar equivocarse. En otras después, reconstruyendo la conversación y señalando esa frase que hubiera sido mejor no decir. Puede ser bastante implacable.

Y muchas veces ni siquiera la reconocemos como una voz o como una parte. Simplemente le hacemos caso. Si dice que lo hicimos mal, lo hicimos mal. Si dice que tendríamos que habernos esforzado más, probablemente tenga razón.

Cuando empezamos a reconocerla, nuestra primera reacción puede ser querer sacárnosla de encima. Después de todo, ¿quién quiere vivir con alguien adentro señalándole permanentemente sus errores?

IFS propone hacer algo un poco extraño: antes de intentar callarla o modificarla, conocerla.

¿Qué intenta conseguir con tanta exigencia?

Quizás esa parte aprendió hace mucho que equivocarse tenía consecuencias. O que hacer las cosas perfectamente era una buena manera de conseguir reconocimiento, evitar una crítica o no volver a sentir determinada vergüenza.

La crítica sigue siendo molesta. Puede agotarnos, paralizarnos o hacernos sentir que nada de lo que hacemos alcanza. IFS no niega nada de eso.

Lo que propone es preguntarnos por qué una parte de nosotros llegó a creer que necesitaba hacer ese trabajo.

Para entender qué son las partes en IFS, conviene empezar por una de las ideas centrales de Internal Family Systems (IFS): nuestra mente no funciona necesariamente como una unidad homogénea. El modelo propone entenderla como un sistema de partes, cada una con sus emociones, creencias, impulsos, recuerdos y maneras de intentar ayudarnos.

Y una de sus afirmaciones más conocidas: No hay partes malas.

¿Qué son las partes en IFS?

Cuando hablamos de partes en IFS es fácil imaginar que estamos usando una metáfora. “Mi parte crítica” sería otra manera de decir que a veces soy muy crítico conmigo mismo. Pero IFS va bastante más lejos.

Dentro del modelo, una parte no es solamente una emoción, un pensamiento o una conducta.

Puede tener una manera particular de ver el mundo, creencias, recuerdos, emociones, impulsos y también expresarse a través del cuerpo. Algunas las reconocemos enseguida. Otras llevan tanto tiempo con nosotros que ni siquiera las distinguimos de quienes somos.

Volvamos a la crítica del comienzo.

Puede estar convencida de que si afloja vamos a volvernos mediocres. Puede ponerse especialmente intensa frente a determinadas personas, recordar perfectamente nuestras equivocaciones y hacernos sentir tensión en el pecho antes de una situación en la que vamos a ser evaluados.

No es solamente “autocrítica”. Hay toda una organización alrededor de ella.

IFS llama parte a esa organización.

Y las partes no aparecen únicamente como pensamientos o voces internas. Podemos encontrarlas en una sensación corporal, en una imagen, en un impulso, en una emoción que aparece de golpe o en una manera de reaccionar que conocemos demasiado bien.

Tampoco todas tienen que sentirse como personajes claramente diferenciados. La experiencia puede ser mucho más sutil.

Lo importante para IFS es que la multiplicidad no constituye por sí misma un problema. Tener partes no significa estar fragmentado ni implica que haya algo patológico en nosotros. Es la forma en que este modelo entiende el funcionamiento normal de la mente.

El problema aparece cuando algunas partes quedan atrapadas en roles muy rígidos.

La crítica que necesitaba que no cometiéramos errores puede terminar exigiéndonos perfección en todo. Una parte que aprendió a desconfiar puede seguir buscando peligro muchos años después. Otra que descubrió que agradar a los demás era una buena manera de estar a salvo puede continuar haciéndolo incluso cuando eso implica dejar permanentemente de lado lo que necesita.

IFS llama cargas a ciertas creencias, emociones y experiencias que estas partes llevan consigo.

Y esta es una distinción importante: una parte no es lo mismo que el rol que aprendió a desempeñar.

La crítica no es, en esencia, crítica. Esa es la tarea que asumió a partir de las experiencias que tuvo que atravesar.

Quizás aprendió que equivocarse traía consecuencias, que ser impecable evitaba una crítica o que rendir bien era una manera de conseguir reconocimiento. Con el tiempo, ese trabajo pudo volverse cada vez más rígido y exigente.

Por eso el trabajo en IFS no busca eliminarla. Intenta conocerla, entender por qué tuvo que asumir ese rol y qué teme que suceda si deja de hacerlo.

Protectores y exiliados: cómo se organiza el sistema

Volvamos otra vez a nuestra parte crítica.

Supongamos que cuando éramos chicos equivocarnos no era algo demasiado bien recibido. Quizás recibíamos una crítica, una burla, una mala cara. O aprendimos que cuando hacíamos las cosas bien éramos reconocidos, vistos, valorados.

Una parte más vulnerable puede haber quedado con esa experiencia. Con la vergüenza de haberse equivocado, con el miedo a no ser suficiente, con la sensación de que para ser querido había que hacer las cosas bien.

IFS llama exiliados a las partes que cargan con ese tipo de heridas, emociones y creencias.

Suelen ser partes más jóvenes y vulnerables. Pueden cargar miedo, vergüenza, soledad, sensación de abandono o creencias como “no soy suficiente”, “nadie me va a querer” o “hay algo malo en mí”.

Una característica importante de los exiliados es que pueden haber quedado, de alguna manera, congelados en el tiempo. Siguen viviendo aquello que ocurrió como si todavía estuviera sucediendo.

Por eso una situación del presente puede activar una reacción que, vista desde afuera —o incluso desde nuestra parte adulta—, parece desproporcionada. Una crítica de nuestro jefe puede ser una crítica de nuestro jefe, pero para una parte que todavía carga experiencias de humillación o rechazo puede sentirse como algo mucho más grande.

No está reaccionando solamente a lo que sucede hoy. También está reaccionando desde aquello que todavía lleva consigo.

Y alrededor de ese dolor se organiza buena parte del sistema.

Nuestra crítica puede haber aprendido algo bastante concreto: si consigo que hagamos todo perfectamente, quizás nunca más tengamos que sentir esa vergüenza.

Así aparece un protector.

No sabe necesariamente que ya tenemos cuarenta, cincuenta o setenta años. Hace su trabajo con la información y los recursos que tiene. Controla, anticipa, exige, revisa. Y si gracias a eso conseguimos reconocimiento o evitamos una situación dolorosa, tiene todavía más razones para seguir haciéndolo.

Los protectores intentan, de diferentes maneras, evitar que volvamos a entrar en contacto con aquello que las partes más vulnerables todavía cargan.

El perfeccionismo puede funcionar así. También la necesidad de control, la planificación permanente, la complacencia, la hiperexigencia, la intelectualización o estar demasiado pendientes de cómo nos ven los demás.

Pero por más esfuerzo que hagan nuestros protectores, no pueden controlar todo.

Nos rechazan.

Nos equivocamos.

Alguien nos critica.

Una relación termina.

Y aquello que tanto esfuerzo pusimos en mantener lejos puede emerger nuevamente. .

También podemos tener protectores que reaccionan cuando el dolor ya está presente. Podemos aislarnos, comer compulsivamente, trabajar hasta no pensar, perdernos durante horas frente a una pantalla o buscar cualquier experiencia que nos saque, aunque sea por un rato, de lo que estamos sintiendo.

Algunas estrategias intentan evitar el dolor antes de que aparezca. Otras intentan hacer algo con él cuando ya está acá.

Pero desde la mirada de IFS hay algo que comparten: están intentando protegernos.

Eso no significa que sus estrategias funcionen. Algunas pueden complicarnos muchísimo la vida, lastimarnos o lastimar a otros.

Entender su intención no significa justificar lo que hacen.

Significa poder preguntarnos qué están intentando resolver.

Conocer nuestras partes

Entender este mapa no consiste en aprender a clasificarnos.

Las categorías pueden ayudarnos a orientarnos, pero el trabajo con partes empieza cuando podemos reconocerlas y conocerlas.

Y eso no siempre es tan sencillo.

Volvamos una última vez a la crítica del comienzo.

Muchas veces ni siquiera advertimos que está ahí. Estamos mezclados con ella. Si piensa que hicimos todo mal, nosotros pensamos que hicimos todo mal. Si está convencida de que tenemos que esforzarnos más, esa se convierte en nuestra realidad.

IFS llama desmezcla al proceso por el cual podemos generar cierta distancia sin rechazar ni expulsar a esa parte.

Pasamos de:

“Soy un desastre.”

a poder reconocer:

“Hay una parte de mí que está convencida de que soy un desastre.”

Puede parecer apenas una diferencia en la manera de hablar. En la experiencia puede ser bastante más que eso.

Ahora podemos sentir curiosidad por esa parte. Preguntarle por qué está tan preocupada, qué intenta evitar, desde cuándo hace ese trabajo, qué cree que sucedería si dejara de hacerlo.

IFS utiliza el término Self para hablar de esa capacidad de relacionarnos con nuestras partes desde cualidades como la curiosidad, la calma, la claridad y la compasión.

El Self merece un artículo aparte. También la desmezcla.

Por ahora alcanza con algo que para mí es central para entender el modelo: IFS no busca eliminar nuestras partes ni conseguir que dejen de molestarnos.

Busca que podamos conocerlas.

Una parte crítica puede seguir teniendo capacidad de discernimiento sin necesitarnos atacar permanentemente. Una parte que controla puede aportar organización sin tener que vivir pendiente de que nada se salga de lugar. Y aquellas partes que todavía cargan dolores de otros momentos de nuestra vida pueden, con el tiempo, dejar de vivir como si aquello siguiera ocurriendo.

Por eso la frase “no hay partes malas” no significa que todas nuestras conductas sean buenas, ni que tengamos que aceptar pasivamente cualquier cosa que hagamos.

Significa algo bastante más concreto.

Incluso aquello que más rechazamos de nosotros tiene una historia.

Y antes de intentar corregirlo, IFS propone conocerla.

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