Ignacio Domínguez Lemoine

¿IFS es una moda?

Hace unos días estaba charlando con un colega. En algún momento apareció IFS en la conversación y me dijo: —Qué cosa esto de la moda, ¿eh? Cómo somos. Se refería...

Ignacio Domínguez Lemoine 8 min de lectura

Hace unos días estaba charlando con un colega. En algún momento apareció IFS en la conversación y me dijo:

—Qué cosa esto de la moda, ¿eh? Cómo somos.

Se refería a IFS, claro.

Me causó gracia. Pero me quedé pensando.

¿Será que IFS es una moda?

Puede ser. Cada vez se escucha más hablar de partes, de Self, de protectores. Hay libros, podcasts, cursos, profesionales que empiezan a incorporarlo a su práctica. Conceptos que hace algunos años circulaban en ámbitos bastante específicos hoy aparecen por todos lados.

Algo de moda hay.

Pero… ¿Y si la moda es sentirnos bien?

Doy cursos y trabajo en consulta desde este modelo. Hay algo que veo bastante seguido: personas que recién están conociendo IFS y encuentran una explicación para cosas que les pasan hace años.

Su experiencia, de pronto, tiene cierto sentido.

“Una parte de mí quiere esto, pero otra tiene miedo.”

“Sé perfectamente que esto no me hace bien y, sin embargo, hay algo en mí que no puede soltarlo.”

“Una parte quiere acercarse y otra quiere salir corriendo.”

No hace falta conocer IFS para experimentar nada de esto. Nos pasa.

Lo difícil es que solemos vivir esas contradicciones como evidencia de que algo no funciona bien en nosotros. ¿Cómo puedo querer una cosa y hacer exactamente lo contrario? ¿Por qué sigo haciendo esto si sé que me hace mal? ¿Por qué reacciono así si racionalmente entiendo que no hay ningún peligro?

IFS ofrece un mapa posible.

Quizás no soy tan incoherente como pensaba. Quizás hay distintas partes de mí, con sus historias, sus miedos y sus estrategias, tratando de resolver cosas diferentes, o incluso la misma.

Eso, por sí solo, puede cambiar bastante la forma en que uno se mira.

No tengo que decidir cual esta bien y cual mal. Puedo escucharlas con curiosidad.

Convertirnos en un proyecto

Conocí muchos mapas de desarrollo personal a lo largo de mi vida. Algunos muy sofisticados y otros bastante menos.

Recuerdo salir de las sesiones con mi primera psicóloga sintiendo que, de alguna manera, la culpa siempre era mía y que tenia muchas cosas que corregir.

Yo era el que elegía mal. El que repetía. El que tenía determinadas características que tenía que cambiar.Era mi carácter.

No digo que eso fuera necesariamente lo que mi psicóloga me decía. Es lo que yo me llevaba de esas sesiones. Entendía algunas cosas sobre mí y, al mismo tiempo, salía con la sensación de tener bastantes cosas para arreglar.

Estas son tus tendencias. Estas son tus defensas. Estos son tus problemas. Ahora que los conocés, trabajalos.

Siempre me hizo un poco de ruido.

Podemos convertir el desarrollo personal en un proyecto bastante sofisticado de corrección de nosotros mismos. Identificamos lo que no nos gusta, aprendemos cómo llamarlo y nos ponemos a trabajar para dejar de ser así.

Incluso podemos aprender muchísimo sobre nosotros y usar todo ese conocimiento para rechazarnos con mejores argumentos.

Con IFS me encontré con otra mirada.

Una de sus premisas es bastante simple: no hay partes malas.

Esto no quiere decir que todo lo que hacemos esté bien. Podemos controlar, evitar, desconfiar, aislarnos, complacer compulsivamente. Podemos reaccionar de maneras desproporcionadas. Podemos lastimarnos y lastimar a otros.

Y somos responsables de eso.

Pero en IFS, frente a una parte controladora, por ejemplo, no necesito empezar pensando cómo hago para dejar de controlar.

Primero quiero conocerla.

¿Por qué necesita controlar tanto? ¿Qué está intentando evitar? ¿Qué cree que podría pasar si dejara de hacerlo?

Una parte que intenta evitar que volvamos a sentirnos rechazados puede mantenernos alejados de cualquier vínculo íntimo. Una que teme al fracaso puede paralizarnos frente a cada decisión. Otra puede ocuparse permanentemente de las necesidades de los demás porque aprendió que esa era una manera de conseguir amor y seguridad.

Muchas de esas estrategias hoy pueden ser muy perjudiciales. Quizás tuvieron sentido hace mucho tiempo y ya no lo tienen.

Pero esas partes no llegaron para arruinarnos la vida.

Desde la mirada de IFS están tratando de ayudarnos. A veces lo consiguen. Muchas otras, no.

Para mí, esta forma de mirar nuestro mundo interno tiene algo profundamente compasivo y sanador.

No necesito rechazar una parte de mí, ni avergonzarme de ella, para modificar la manera en que actúa.

Eso fue bastante nuevo para mí.

Partes y Self

IFS tampoco se queda solamente en reconocer que tenemos partes.

Trabaja con algo que llama desmezcla.

Cuando estoy completamente mezclado con una parte que tiene miedo, en ese momento soy miedo. Miro desde ahí, pienso desde ahí, tomo decisiones desde ahí.

Desmezclarme no hace desaparecer el miedo. El miedo sigue estando. Pero ahora puedo reconocer: hay una parte de mí que está aterrada.

Parece un cambio mínimo, pero puede ser de mucha ayuda.

Hay algo de esto que también modificó mi manera de trabajar en consulta.

En algunas formas de abordaje, el profesional puede terminar hablando directamente con la parte que tiene el problema e intentando convencerla de que piense, sienta o actúe de otra manera. Explicarle por qué ese miedo ya no tiene sentido. Mostrarle que está repitiendo un patrón. Darle otra interpretación.

Lo conozco también del otro lado. Esa sensación de que alguien entiende lo que me pasa y ahora tiene que explicarme cómo debería dejar de hacerlo.

En IFS intentamos hacer algo diferente.

No necesito convencer a esa parte de nada.

Trabajo para que la persona pueda desmezclarse lo suficiente como para acercarse a ella con curiosidad, sin rechazo y, cuando es posible, con compasión.

El rol del terapeuta cambia bastante, ya no esta esa asimetria en donde el terapeuta sabe que teneés y como curarte. No soy yo el que tiene que explicarle desde afuera qué le pasa o qué debería hacer. La relación empieza a ocurrir adentro. La persona puede preguntarle a esa parte qué teme, qué necesita, desde cuándo hace ese trabajo. Y escuchar qué aparece.

Esto devuelve autoridad a la propia persona. Las respuestas no tienen que venir necesariamente de quien está sentado enfrente diciéndole qué debería cambiar. De hecho estas dinámicas son la bases de casi todas nuestras heridas.

Mi trabajo es acompañar. A veces ayudar a generar las condiciones para que esa conversación interna pueda suceder. Hacer preguntas. Advertir cuando otra parte se metió en el medio. No saber de antemano qué debería aparecer.

Cuando podemos tomar cierta distancia sin echar a la parte, pueden aparecer curiosidad, calma, claridad, compasión. IFS utiliza la palabra Self para referirse a esa dimensión de nuestra experiencia.

Qué es exactamente el Self es una discusión que me interesa especialmente. Si hablamos de una realidad ontológica, de una capacidad de la mente, de un estado particular de conciencia o de otra cosa. No estoy seguro de que haya que resolver esa discusión para trabajar con IFS.

Lo que sí conozco es la experiencia de estar completamente tomado por una parte y, en otro momento, poder estar con ella.

No se siente igual.

¿Por qué ahora?

Vuelvo a mi amigo.

¿IFS está de moda?

Probablemente.

Tampoco me preocupa demasiado admitirlo.

Que algo sea popular no demuestra que sea verdadero. Y que esté de moda tampoco lo vuelve falso.

IFS tiene cosas que investigar, discutir y cuestionar. Su popularidad no demuestra que funcione para todo el mundo, ni valida automáticamente todas sus afirmaciones teóricas.

Pero sigo preguntándome por qué tanta gente parece reconocerse tan rápidamente en este modelo.

Tengo algunas ideas, ninguna demasiado definitiva.

Vivimos bastante ocupados tratando de mejorarnos.

Hay que regularse, sanar, trabajar los vínculos, identificar patrones, superar traumas, meditar, hacer ejercicio, dormir bien, comer bien, aprender a poner límites. Ser productivos, pero tampoco demasiado. Y cuidado con que sentirnos bien no se transforme en otro logro más que tenemos que alcanzar, empujados por ese mismo imperativo.

A veces hasta estar bien se convierte en otra tarea mas de nuestra listita de logros.

Y quizás por eso me resulta interesante que un modelo que se está volviendo tan popular no empiece necesariamente por decirnos qué tenemos que corregir.

Propone conocer primero eso que queremos cambiar. Incluso esas cosas nuestras que preferiríamos no tener.

No creo que esto explique por sí solo la popularidad de IFS. Hay redes sociales, libros, figuras conocidas hablando del modelo, un interés enorme por el trauma y una búsqueda de formas menos patologizantes de comprender la experiencia humana. También hay marketing. Y seguramente simplificaciones. Cuando algo crece rápido, viene todo junto.

Tampoco creo que IFS haya descubierto que tenemos partes. Sería una pretensión bastante difícil de sostener. La multiplicidad interna fue observada y pensada mucho antes y desde tradiciones muy diferentes.

Pero en los cursos y en la consulta escucho bastante seguido algo muy sencillo:

“Esto me pasa.”

Y esa frase me interesa.

Porque quizás una parte de la popularidad de IFS tenga que ver con eso. Con encontrarnos frente a un mapa que no nos resulta completamente extraño. Un mapa que pone palabras a experiencias que ya estaban ahí.

Después está lo que hacemos con ellas.

Podemos conocer nuestras partes sin estar necesariamente de acuerdo con todo lo que hacen. Podemos aceptar que existen sin resignarnos a seguir actuando de la misma manera. Podemos hacernos responsables de nuestras conductas sin convertir esa responsabilidad en vergüenza.

Y podemos cambiar sin empezar declarando que hay algo defectuoso en nosotros.

Así que quizás mi amigo tenga razón.

IFS está de moda.

Lo que todavía no tengo tan claro es si eso dice más sobre IFS o sobre lo cansados que estamos de intentar corregirnos.


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